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viernes, 6 de julio de 2018

Francisco González Sánchez entrevista a Marcelino Rodríguez Martín.

Queremos compartir con ustedes la entrevista que Francisco González Sánchez realizó esta misma semana en nuestra librería al escritor Marcelino Rodríguez Martín y agradecer a ambos que eligiesen nuestro espacio para llevarla a cabo.
Francisco González Sánchez (a la derecha de la imagen) entrevista al escritor Marcelino Rodríguez Martín.
Un café con Marcelino Rodríguez Martín, por Francisco M. González Sánchez.
Marcelino Rodríguez Martín, escritor afincado en Santa Cruz de Tenerife, nació en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma. Graduado en Ingeniería Técnica Industrial y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, ha escrito varios artículos técnicos para la revista “Ingenios”, que edita el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Santa Cruz de Tenerife. Está casado con María Rosa, es padre de tres hijos y  abuelo de dos nietos.
-¿Qué recuerdos le quedan de su niñez y adolescencia en Los Llanos?
-Recuerdo casi todo de mi niñez, fue una época feliz. Eran años difíciles los de la postguerra, pero en casa nunca se pasó hambre. Tal vez falta de algún capricho, pero tampoco se conocían. Vivíamos por la periferia y allí no llegaba la electricidad ni el agua corriente. Nos alumbrábamos con una vela o un candil y el agua teníamos que traerla a hombros desde una fuente pública. Todos los días mi hermano y yo teníamos que dejar en casa una garrafa de 16 litros con agua para el consumo, antes de ir a la escuela a las 9 de la mañana.
Pero éramos felices, y tuvimos una infancia y adolescencia muy bonitas.
-¿En su casa había libros, una biblioteca familiar...? ¿Cómo aprendió a leer?
-Los únicos libros que se leían en casa eran los tebeos y las historias del Capitán Trueno. Yo tuve siempre ansias de aprender. Imagino que aprendí a leer cuando fui a la escuela y como en casa no había libros, cuando fui algo mayor me iba a la biblioteca pública y allí leía historias de aventuras, sobre todo de Julio Verne.
-¿Recuerda su primer libro o novela leída? ¿A qué edad?
-No recuerdo la edad que tenía pero si recuerdo el libro: “El faro del fin del mundo”, de Julio Verne, luego vendrían muchas más.
-Algún libro, de aquél entonces, que le dejara huella de manera especial.
-El más que me impactó fue “Veinte mil leguas en viaje submarino”, de Julio Verne, quizás por los inventos que se nombran, porque la tecnología fue siempre mi curiosidad.
-¿Cómo se decanta por ciencias –en nuestra época era lo normal- y muy en concreto, por la rama eléctrica de Ingeniería industrial?
-La tecnología en general fue mi apetencia, desde que tuve conocimientos de ella y es curioso porque como dije antes, en casa no hubo electricidad hasta que yo tuve unos diez años. La invención, el descubrimiento de los aparatos era mi pasión. Conseguía elementos de electrónica, para aquella época, de un taller de reparación de radios y me los llevaba a casa y los desarmaba para ver cómo eran interiormente. Me monté un laboratorio eléctrico en casa para hacer prácticas y buscaba en la biblioteca pública libros de electricidad, que luego estudiaba para hacer los experimentos en mi laboratorio. En esa época podría tener doce años. Cuando llegó la edad de elegir estudios, lo tuve claro, Ingeniería Eléctrica, y así fue.
Y relacionado con la tecnología no puedo dejar pasar mi afición por la mecánica en general y más concretamente por los mecanismos y su funcionamiento. Mi padre era relojero de profesión y desde pequeño estuve rodeado de mecanismos que marcaban la hora. Inicialmente mi padre tenía el taller de relojería en el dormitorio donde dormíamos mi hermano y yo, y día y noche percibía el “tic-tac” de los mecanismos de relojería que mi padre reparaba. Llegué a acostumbrarme a ese sonido que no impedía que durmiese por las noches, con aquellos relojes de sobremesa y de pared. Mi padre percibió mi curiosidad por los relojes y desde muy joven comenzó a enseñarme el arte de la reparación de los mismos. Me daba relojes de grandes dimensiones para que desarmara y armara, con el cuidado de no estropearlos y entender su funcionamiento y terminé aprendiendo a repararlos, de hecho estuve varios años ayudándole en su trabajo hasta que me fui fuera de la isla a estudiar. Para mí fue una gran experiencia entender como aquellos aparatos eran capaces de marcar la hora con una precisión “de relojería”. Mi padre que era también un virtuoso de los mecanismos, no solo reparaba relojes sino también cualquier maquinaria que le entregaban. Esa curiosidad me la trasmitió y reconozco que la aprendí muy bien, quizás porque tenía “madera” para ello.
-En aquellos años del “correíllo” y con apena 20 años. ¿Qué supuso para usted aquel cambio, de la Isla Bonita a Las Palmas?
-Cuando fui a Las Palmas a estudiar, tenía 19 años. Había terminado el curso de Preuniversitario, el equivalente de hoy de la EBAU y ya había viajado a Londres a ver a mi hermano que trabajaba allí. Regresé por París, en un viaje rocambolesco a través de toda Francia y que finalizó en Barcelona. Cuando regresé de ese viaje, hice escala en Las Palmas, donde me esperaba mi padre para hacer la matrícula en la Escuela de Ingenieros Técnicos.
El correíllo “La Palma” fue el barco que más utilicé para viajar desde mi isla a Gran Canaria. Cuando aparecieron los “Santa Marías”, me desplazaba en ellos, haciendo escala en Santa Cruz de Tenerife. Siempre viajé en barco porque mis padres no tenían dinero para pagarme el avión.
El correillo La Palma, de 1912, se conserva hoy en el puerto de Santa Cruz de Tenerife.
-Al finalizar sus estudios, uno de sus primeros trabajos, es como profesor de la Escuela de F.P. Virgen de la Candelaria de S/C. de Tenerife.  ¿No le gustó la docencia?
-Mi primer trabajo fue en la empresa privada, concretamente en una instaladora eléctrica que se ocupaba de la electrificación de edificios de viviendas y líneas eléctricas de alta tensión.
Mi época de profesor en la Escuela de F.P. Virgen de la Candelaria fue posterior, en el año 1977. Impartía las clases de Tecnología Eléctrica que era mi especialidad y me gustaba la docencia, pero fue una época muy convulsa por coincidir con la muerte del dictador, y en aquel momento las escuelas de Formación Profesional estaban muy vinculadas al régimen, por lo que intentaron su desaparición y los profesores estuvimos tres años en una situación muy precaria y temiendo por nuestros puestos de trabajo. Ante aquella situación, yo ya estaba casado y con un hijo, aproveché la oportunidad de unas pruebas de selección para entrar en UNELCO, me presenté y las aprobé, y así fue como me incorporé a esa empresa de servicio público.
Si la situación laboral hubiese sido diferente, tal vez hoy estaríamos hablando de otras circunstancias.
-En los años 80 ingresa en UNELCO, donde se le ve progresar en la profesión día adía. A partir de aquí me pierdo, si quiere me lo simplifica, por favor.
-Efectivamente, en el año 80 ingreso en la empresa UNELCO, que aquel momento pertenecía a la empresa pública INI (Instituto Nacional de Industria), participada mayoritariamente del Estado. Mi sueldo era inferior al que percibía en la Candelaria, pero el puesto de trabajo estaba asegurado. Afortunadamente las condiciones económicas se modificaron posteriormente y nos consideramos bien pagados.
La empresa tenía muchos departamentos y siempre se accedía por la parte más sencilla que era en el Servicio de Averías. Allí se “fogueaba” uno y recibía el bautismo del servicio eléctrico, asistiendo a las averías que se producían en la red eléctrica, que estaba en unas condiciones muy precarias y que había que hacer verdaderos esfuerzos para mantenerla en condiciones adecuadas. Se trabajaba en turnos de 8 horas, durante 24 horas y recuerdo que teníamos un teléfono directo con el Gobierno Civil, que sonaba inmediatamente a algún corte de suministro en el centro de la ciudad. Era un teléfono de manivela, una verdadera joya arqueológica, pero que funcionaba perfectamente. Esos dispositivos han desaparecido y la mayoría de jóvenes o de mediana edad no los recuerdan.
De aquel servicio salí a los seis meses y me incorporé a las oficinas centrales, desempeñando varias funciones, ascendiendo a diferentes puestos de responsabilidad. Esa situación me permitió viajar mucho y con frecuencia a la Península y a varios países de Europa y Sudamérica. 
En el año 2001 fui nombrado Gerente de la Empresa Distribuidora de El Puerto de la Cruz, filial de Endesa y como concesión del servicio eléctrico, dependiente del Ayuntamiento de El Puerto de la Cruz. En este puesto de trabajo estuve hasta el año 2011, cuando mediante un ERE (Expediente de Regulación de Empleo) me prejubilo y dejo mi trabajo en Endesa a la que sigo vinculado hasta el año 2012 en que cojo mi jubilación después de 32 años de trabajo ininterrumpido.
-Le imagino de aquella, una persona inquieta, muy trabajadora, inteligente, tenaz y siempre dispuesta a aprender y a superarse, personal y profesionalmente. Pero, ¿de dónde sacó tiempo para echarse novia?
-Cierto, a una persona con estas características, le queda poco tiempo libre, pero ordenándolo adecuadamente da para todo y la novia apareció antes de empezar la vida profesional, justo al terminar la carrera, y luego hubo que compaginar el trabajo en Santa Cruz hasta que nos casamos.
-¿Se atreve a confesar qué vio en María Rosa para que le cautivase para toda una vida?
La relación de pareja es una cuestión de dos y por lo tanto la atracción física o moral para toda una vida nace precisamente de los dos. No hay primacía de ninguna de las partes. Me pareció que tenía las cualidades para formar una familia y así fue.
 -¿No se aburren tantos años juntos y “siempre juntos”?
Si uno se pone a pensar, ¿cuántos son muchos años? Las parejas pasan por tantas vicisitudes que si administran bien los tiempos, no hay momento para el aburrimiento. Primero de recién casados, luego los niños, uno tras otro hasta los tres, se ven crecer, se ven progresar con sus altibajos, maduran, se hacen mayores, van a la universidad, se gradúan, comienzan a trabajar, se enamoran, se casan, se independizan, van echando raíces y configuran su forma de vida. Uno atiende a sus padres cuando se hacen mayores, estos fallecen y el ciclo de la vida continúa y se cumple. No cabe el aburrimiento. El trabajo y el ocio lo ocupan todo. Hay mucho que compartir.
Aquí sí quiero resaltar la importancia que ella ha tenido a la hora de poder dedicar tanto tiempo al trabajo y al estudio. A pesar de que ella también trabajaba fuera de casa, se esforzó en suplirme muchas veces en las tareas de sacar los hijos adelante, de lo cual me siento muy orgulloso.
-Bien situado profesionalmente, ¿para qué, entre 1993-98, se licencia en Ciencias Económica y Empresariales?
-En realidad tengo que reconocer que cuando en el año 1993 decido estudiar Ciencias Económica y Empresariales, profesionalmente estaba muy bien situado. ¿Cuál fue el motivo para estos estudios? Fue un reto personal al considerar que en el puesto que desempeñaba, me era más beneficioso tener estudios económicos que los técnicos que ya poseía. Empecé en el turno de tarde, en la Universidad, ya que por la mañana trabajaba en la empresa y me di cuenta, que después de tantos años que había dejado los estudios superiores, no me fue difícil integrarme con los demás alumnos del curso. De hecho me gradué en seis años cuando la licenciatura era de cinco.
-¿Tuvo alguna vez vacaciones, viajó por el extranjero, o se acostó en alguna ocasión a la sombra de un “pino” contemplando el mar de esa maravillosa Isla de La Palma?
Las vacaciones las disfrutábamos durante un mes, todos los años. Aprovechábamos para ir a La Palma y allí, con la familia de ambos, gastábamos los treinta días reglamentarios.
Viajé mucho por el extranjero pero no en vacaciones, todos fueron viajes de empresa. Estuve en Inglaterra, Francia, Alemania, Austria y Suiza, en Europa. En Sudamérica viaje a Perú, El Salvador, Venezuela y Miami.
A pesar de estos viajes siempre quedaba tiempo para relajarse en el campo y pasar muchas de las noches de verano mirando al cielo limpio de la isla de La Palma. Noches que me recordaban a mi juventud, cuando pasaba alguna noche de verano tumbado sobre una paca de paja en la era, donde se trillaba el cereal que se había cegado durante el día.
Eran vacaciones familiares, los niños disfrutaban del pueblo y del campo, colaborando incluso con las labores agrícolas de los abuelos. Claro que había tiempo para ponerse debajo de un pino, especialmente en Fuencaliente o en las típicas excursiones al Refugio.
-Se jubila y publica los siguientes libros: “La Fábrica de Gas de Santa Cruz de Tenerife. Un recinto para el recuerdo” (2011), “Félix ‘El Insurrecto. Un tijarafero en el ejército mambí” (2012), “El agua de la discordia. Green Golf Tresina“(novela de 2014), “La fuerza de la maldición” (novela de 2015), y “Los entresijos del destino” (novela de 2017). ¿Algo que llevaba años merodeando en su cabeza, una fuerza inmanente que le apremiaba el corazón?
-En realidad la redacción se me dio siempre bien. En tiempos de la escuela recibí varios premios de redacción y en mi colegio profesional, colaboré con la revista “Ingenios”, escribiendo artículos técnicos, relacionados con mi profesión o con mi afición a la relojería. Soy un enamorado de la mecánica, la electricidad, la electrónica y de cualquier mecanismo que funcione. Los “destripo” para ver su funcionamiento y en algunas ocasiones los he restaurado. Me despierta un interés descomunal, descubrir cómo generaciones anteriores han diseñado mecanismos específicos para la época en que vivieron y eso enlaza con mi gusto por la historia, que luego reflejo en alguno de mis libros.
-¿Se atreve a definir a cada uno de sus libros con una frase? Menos el último que será objeto de un estudio monográfico.
Claro que sí. Cada libro tiene su historia, tiene su argumento, tiene su razón de ser. Todos llevan la creación del autor y voy a dar una definición de cada uno de ellos, esperando que coincida con la visión que los lectores tienen de ellos.
“La Fábrica de Gas de Santa Cruz de Tenerife. Un recinto para el recuerdo”: Es la historia de la industria más importante, que hubo en Santa Cruz de Tenerife, a principios del siglo XX, que no podía desaparecer bajo la fuerza mecánica de las excavadoras, sin ser contada.
Félix El Insurrecto. Un tijarafero en el ejército mambí”: La historia de mi abuelo que emigró a Cuba con catorce años en 1888 y luchó en su independencia al lado de los mambises, ejército de la insurrección, lo que le valió el apodo de “Insurrecto”.
El agua de la discordia. Green Golf Tresina”: Novela sobre la corrupción en las instituciones públicas. Muy actual para los tiempos que vivimos.
La fuerza de la maldición”: Novela basada en hechos reales, donde se relata el maltrato a la mujer en el mundo rural de la época que se describe. 
Soldados cubanos durante la guerra de 1895 - 1898, en la que se vio obligado a participar
el abuelo de Marcelino Rodríguez
.
-¿Qué parte de influencia  de María Rosa, su señora,  hay en esta inmensa labor?
Hasta ahora su participación ha sido la de corrección de los borradores y apuntarme sus comentarios. No ha influido en ninguna de mis novelas, ni en la creación ni en el guion. Creemos que eso debe ser totalmente personal.
Francisco; quiero añadir una aclaración sobre una pregunta que me hizo usted el día de la presentación de mi última novela “Los entresijos del destino”, en la librería El Libro en Blanco, acerca de lo que le había sorprendido que un ingeniero escribiese novelas. A continuación voy a reflejar diez cualidades que debe poseer una persona que quiera estudiar ingeniería y lo comparamos con la labor de escritor:
1.- Polifacético: Apto para varias disciplinas. Capacidad para varias tareas.
2.- Ingenioso: Para buscar soluciones a cualquier problema.
3.- Creativo: Crear algo a partir de la nada.
4.- Amor por la ciencia: Usar la ciencia y el conocimiento para crear algo.
5.-Actitud analítica: Mente analítica, capaz de analizar hasta el último detalle.
6.- Trabajador: Actividad y dinamismo.
7.- Social: El ingeniero ya no es solitario, es capaz de trabajar en equipo.
8.- Mente lógica: Mente analítica, lógica y con razonamiento.
9.- Detallista: Crear algo necesita asegurar el mínimo detalle, ser meticuloso.
10.- Se toma en serio la educación: Estar al día con el conocimiento. Estudiar.
Si trasladamos estas cualidades que deben ser innatas en el ingeniero a la labor del escritor, se comprueba que favorece su “encaje”, digamos que favorece, en gran parte, esa disposición previa. Esto no quiere decir que sean cualidades exclusivas de los ingenieros, pueden existir en cualquier individuo.
-¿Cuál es su hobby? ¿Lo comparte con su señora?
Mi hobby en este momento es escribir, leer mucho y la investigación en archivos. Mi mujer tiene sus propias aficiones, y especialmente las relacionadas con el arte. No obstante nos gusta pasear juntos, asistir a actos culturales, conversar de diferentes puntos, etc.
-Y para terminar: ¿Un libro? –que no sea suyo-. ¿Una película? ¿Y, una canción?
Libro: Trilogía Martín Ojo de Plata de Matilde Asensi
Película: House of Cards (Serie). 
Canción: Un bolero.
¡Muchísimas gracias Don Marcelino! por su paciencia, delicadeza y exquisita amabilidad.

martes, 28 de marzo de 2017

Entrevista a Felipe Ortín, por Francisco González Sánchez.

Con cierta frecuencia, realizamos entrevistas a escritores y escritoras que luego compartimos en nuestras redes sociales, es una actividad con la que disfrutamos un montón, porque nos permite acercarnos a ellos y conocerlos mejor. En esta ocasión compartimos con ustedes una entrevista realizada en El Libro en Blanco al escritor Felipe Ortín, pero una entrevista que no realizamos nosotros, sino Francisco González Sánchez y que, muy amablemente, nos ha permitido que compartamos. Esperamos que disfruten de ella tanto como nosotros.


UN CAFÉ CON FELIPE ORTÍN GONZÁLEZ, AUTOR DE "IDUS DE JULIO"
Conocí a Felipe Ortín, en  la librería-café El Libro en Blanco de Santa Cruz de Tenerife, y decidí comprarle su "Novela", porque me gusta ayudar y animar a los que empiezan, pero con la intención de ponerla en mi "lista de espera", como otras muchas novelas, que tal vez nunca llegue a leer, porque  "la vida no me da para más". Después de leer la dedicatoria que me hizo, "...con cariño de un escribidor novato para que se divierta un rato" y saber que había sido alumno del Colegio de Primaria Fernando III el Santo (donde fui profesor unos años, aunque Felipe tuvo la suerte de que yo no le diera clase) y del Instituto San Hermenegildo, ambos de La Cuesta y a cuyos alumnos recuerdo con muchísimo cariño. Le eché un vistazo y le vi una persona sería, humilde y con una sonrisa acogedora. Entonces me dije, "Este tipo lo que tiene de tonto le queda bien", por lo que decidí darle una primera pasada a su libro, y después una segunda lectura a fondo, como si estuviera corrigiendo un examen, pero lo que conseguí fue reír, reír y reír..., hasta llegar a la carcajada. Hay que ser muy inteligente y serio para hacer reír. Hoy, "más difícil todavía", como en el circo.
El señor Ortín, me hizo recordar a mis autores más releídos, con los que guarda un cierto paralelismo: Wenceslao Fernández Flores, Enrique Jardiel Poncela y Miguel Mihura, a pesar del paso del tiempo. Por todo esto y por mucho más he decidido invitarle a un café para charlar.
P. ¿Tienes algún antecedente literario en la familia?  ¿Tenías muchos libros en casa de pequeño?
R. Que yo sepa, ninguno, aunque a mi padre le gustaba escribir poemas y pequeñas historias. También llegó a colaborar en algún periódico y hasta hizo una pequeña edición de un libro donde recogía sus escritos al que tituló: “Escritos en voz baja”. También en casa siempre contamos con estanterías repletas de libros, tanto enciclopedias como colecciones de novelas. Aunque lo que realmente devoraba yo eran los Mortadelos y Filemón que podía arramblar de cualquier kiosko o colega…, así me quedé, medio pirado pero, eso sí, con sentido del humor.
P.  ¿Eran tus padres lectores? ¿De qué manera influyeron en tu afición a la lectura y escritura?
R. Como buen hijo de mi época, mis padres se pegaban unas palizas a currar para sacarnos adelante y darnos la mejor educación posible, así que no tenían mucho tiempo para leer. Aún así, en los ratos en los que no les montábamos el cirio padre entre mis hermanos y yo, era cuando podían leían. A fecha de hoy, ahora que ya los hemos dejado tranquilos, ellos leen bastante. Supongo que de alguna manera, mi afición a la lectura proviene de las tongas de libros que tuvimos siempre por casa. Lo de la escritura debió ser ciencia infusa porque hasta hace poco nunca me dio por molestar a nadie con mis escritos…, hasta que llegó Idus de Julio, para suerte o desgracia de la Humanidad.
Felipe Ortín junto a Francisco González y María del Carmen Montoro.
P.  De tu época en el Complejo Escolar Militar de La Cuesta,  ¿influyó en tu afición a la Literatura algún profesor?, porque a pesar de tus años se nota que has leído "algo".
R. Pues creo que no porque siempre fui un poco Sheldon (como el de Big Bang Theory) y se me daban las matemáticas y la física, aparte de recibir mi ración correspondiente de collejas en el cole por empollón. Pero sí que recuerdo con cariño a mi profesora de Literatura de 2º de BUP, Montse. Un pedazo de pan. Nunca hacía los deberes y siempre me ponía sobresaliente. Siempre le tuve cariño a aquella profesora pero no creo que influyera en mi amor por la literatura…, aunque lo mío es más bien LiteraBurra.
P. ¿Tus autores o libros  favoritos de niño y joven? ¿Alguno te ha marcado de manera singular?
R. De niño leí mucho a Stephen King y a Enid Blyton y sus “Cinco” (los devoraba). Pero si hubo uno que me encantó especialmente fue Enrique Jardiel Poncela. Me reía con él y aún conservo un ejemplar de “La Tournée de Dios”, cosa fina, oiga. Aunque como le he dicho antes, quién realmente me ha marcado literariamente ha sido Francisco Ibáñez con su incomparable Mortadelo…, eso sí es literatura de la “güena”.
P. Ingeniero de Telecomunicaciones -"comunicación"- carrera nada fácil, ¿Por qué ingeniero? Apartado de la literatura, o ¿la hiciste compatible con ella, como hobby o algo así? -conozco otro ingeniero de esta especialidad, excelente comunicador, periodista y escritor, Luis del Pino, aunque le falta la "chispa" que a ti te sobra-.
R. Pues como he dicho antes, se me daban las mates y la física, así que supongo que hice Teleco porque me atraían esas cosas. También, por supuesto, me atraían las mujeres, pero eso sí que se me daba fatal…, ¡planté un soberano huerto de calabazas! Y lo de escribir vino muchos años después, cuando ya estaba trabajando. No conozco a Luis del Pino pero si usted dice que le falta “chispa” es que debe ser que yo he trabajado de Ingeniero Industrial más que de Teleco y a base de llevarme calambrazos al meterme en los cuadros eléctricos creo que me sobra electricidad estática…, y me falta algo de cordura.
P. ¿Cuándo, cómo y por qué decides lanzarte a esta valiente aventura de escribir una novela?  
R. Disculpe que sea soez pero el motivo básico fue porque se me hincharon los "huevos". Sí, me harté de una vida rutinaria y quería realizarme. Años buscando algo que me llenara hasta que un buen día escribí una historieta en que contaba mis desgracias a unos colegas. Se desternillaban de la risa. Así que repetí y se volvieron a tronchar. Escribí varias más con idéntico resultado, así que decidí que me gustaba escribir y podía alegrarle la vida a otros. Y me lancé con Idus de Julio y creo que he conseguido el objetivo: realizarme y hacer FELIPIces a otros. Porque, como decía Cantinflas: “El primer deber de todo ser humanos es ser feliz; el segundo, hacer felices a los demás”.
Felipe Ortín firmando ejemplares de Idus de Julio en El Libro en Blanco durante la pasada Navidad.
P. Como primera novela,  "Idus de Julio" ¿cuánto tiene de la biografía de "Felipe Ortín"? ¿Tal vez de algún amigo u otra persona conocida?
R. Aunque es una historia ficticia, por supuesto que tiene partes autobiográficas. Especialmente la sensación de ir por la vida sobre raíles sin ilusiones, cosa que le ocurre al personaje…, y a muchas personas en la actualidad. Hasta cierto punto me da pena cómo nuestras ilusiones de niños se diluyen con la “adultez”. Creo que si no perdiéramos a nuestro niño interior, el mundo iría mejor… (Felipito, estate quieto, no ves que estoy hablando con este señor..., y deja de sacarte petróleo de la nariz).
P. A pesar de que tratas de explicarlo de manera mágico-surrealista, a mi modo de ver,  ¿Cómo se te ocurrió el título?
R. Pues los escritores siempre le echamos la culpa de estas cosas a un personaje ficticio al que llamamos Musa. Pues que sepa que ese personaje existe de verdad. A mí se me apareció durmiendo y el título me vino soñando. Esto es tan cierto como que me llamo Felipe…, creo.
P. ¿Cómo titularás la próxima?, porque pienso que te dedicarás de lleno a escribir, o ¿sólo los fines de semana y a ratos libres?
R. Pues el título de la próxima ya lo tengo pero es "topsss-secressst". Esto es como Santo Tomás, hasta que no lo vea no lo creo. Es decir, cuando finalmente la tenga acabada, la bautizaré pero por ahora está algo verde. Y en cuanto a escribir, estoy empeñado en vivir del cuento (es decir, honradamente de mis cuentos no como otros que viven de nuestras cuentas…). Y la intención es poder vivir de esto pero la competencia, el mercado y la crisis lo dificultan mucho. Por ahora intentaré compaginar mi actividad con el trabajo diario porque tengo fe en mí mismo ya que el día que pierda la Fe en mi mismo, dejaré de llamarme Felipe y pasaré a ser, simplemente, un "Lipe" cualquiera.
P. Últimamente, ¿qué autores o libros han influido o influyen más en ti?
R. La verdad es que pocos pero porque leo poco. Cuando te dedicas a escribir no puedes leer más que lo que te interesa para documentarte y no te deja mucho tiempo para más. Además, soy más de ensayo que de novela, con lo que mis referencias literarias actuales están bastante desfasadas. Sí, lo reconozco, soy un as…, un asno quiero decir.
P. ¿Con quien te quedarías: Carlos Ruiz Zafón, Arturo Pérez-Reverte, Vargas Llosa o Javier Marías? ¿Tal vez,  una escritora?
R. Me encantó La Sombra del Viento de Zafón; de Pérez-Reverte he leído alguna historia de Alatriste, aunque el libro que más me gustó de él fue Territorio Comanche. De Vargas Llosa no he leído nada (disculpe usted mi "burrez") y de Javier Marías leo a veces su columna en la revista de El País. Me parece un tipo formidable con una forma de pensar con la que coincido bastante. En cuanto a escritoras, la gran Agatha Crhistie o Enid Blyton, que me hechizaba con sus Cinco.
P. ¿Qué opinión te merece el "mundo" que nos ha tocado vivir y que tu parodias con esa fina y simpática ironía que te caracteriza?
R. Lo fácil sería decir que el mundo actual es una... y está loco pero eso lo viene diciendo la Humanidad desde el origen de los tiempos. Ya un anónimo caldeo por allá en los tiempos de Matusalem decía: “Nuestra juventud es decadente e indisciplinada, los hijos no escuchan ya los consejos de los mayores. El fin de los tiempos está próximo.” Sinceramente, la tele y los medios nos venden cientos de miles de desgracias diarias pero porque el ser humanos es miedica por naturaleza. El miedo es una gran herramienta de control de masas y asustar a la peña permite controlarla. Sí, es cierto, el mundo está loco pero debemos recordar que, aunque no se vea, hay más locura de la buena que de la mala… De hecho, yo estoy pirado y aún no sé cómo he conseguido engañarle para que me entreviste…
Pregunta trece (mi número favorito) ¿Cuáles son tus hobbies favoritos, aparte de la lectura, la escritura y la ingeniería? Y, para terminar: ¿un libro? -no vale Idus de julio, ¿una canción?, y ¿una película?
R. Mi hobby principal durante muchos años fue ser portero de fútbol. ¡Me encantaba! Podía ser el héroe del equipo o el villano al mismo tiempo. Podía volar como Superman para intentar atrapar una pelota o podía retorcerme de dolor si atinaban a darme en los “minibabybel”. Ahora ya, con la edad y renqueante del lumbago, pues me gusta la natación y cocinar. En cuanto a un libro, me quedo con Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza y con La Tournée de Dios de Jardiel Poncela porque con ambos me desternillé. De películas destacaría La vida es bella o Intocable porque no dejan de ser tragedias pero enfocadas con un punto optimista y mucho humor porque, como decía Eduardo Galeano: “el humor tiene la capacidad de devolverte la certeza de que la vida vale la pena”. Finalmente, como canción, elegiría Thunderstruck de AC/DC, que no tiene la más puñetera gracia pero cada vez que la escucho, me desmeleno.
-Muchísimas gracias, Felipe, por tu amabilidad y por esta maravillosa tarde que me has hecho pasar.
-De nada. Que sepa que ha sido un placer y sobre todo a uno le llena el poder hacer feliz a otra persona y creo que con Idus de Julio lo he conseguido con usted. Creo que tenemos que usar más el buen humor en nuestra vida diaria para que este mundo no chirríe tanto. Encantado de haberle conocido y de que se haya reído tanto con mi novela.


Ficha del libro:
Título: Idus de Julio.
Autor: Felipe Ortín González.
Editorial: Felipe Ortín González.
Lugar y año de edición: Santa Cruz de Tenerife, 2016.
Formato: Rústica con solapas.
Género: Novela / humor.
Páginas: 297
ISBN: 978-84-608-6909-2
PVP: 15,90€


Te dejamos el enlace al sitio web de Felipe Ortín, para que puedas conocer mejor a este pintoresco escritor y, además, puedas disfrutar de sus desternillantes artículos:
https://felipeortin.wordpress.com/

Te dejamos también el enlace a unos de los sitios de Francisco González Sánchez, un interesante espacio:
http://elucubracionesalpie.blogspot.com.es/